Lactancia, en primera persona.

La lactancia es un tema muy amplio que nos dará mucho de qué hablar, pero hoy me gustaría centrarme en mi experiencia. Desde el principio yo lo tenía claro: si puedo darle el pecho, se lo daré. Sino, no pasa nada. Mi madre no me pudo dar pecho, y aquí estoy, tan bien (hay teorías al respecto). Y, por suerte, llevamos así casi 5 meses.

El pediatra en la revisión e los 4 meses nos recomendó seguir con lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses, y yo me lo he tomado al pie de la letra, aunque no me imaginaba todo el sacrificio implícito.

Ahora soy mamá trabajadora, y desde que el peque tiene 2 meses, he estado exprimiéndome (complejo vaca) para guardar leche para la guarde, que “se lleva” dos bolsitas de leche al día.  Veo cómo la leche baja y yo ya, desde que volví al trabajo, no produzco como antes. Mi peque es un glotón, se toma 180 ml por toma. Antes llenaba dos bolsas al día pero desde que he vuelto al trabajo, lleno una cada dos días. ¡Y cómo me cuesta! En ocasiones oigo al sacaleches (para entenderme, cuando leáis esto, poned el tono del niño de El Sexto Sentido)

El otro día me vi contanto bolsitas (el segundo cajón del congelador está entregado a la causa) y calculando cuántas me quedan y cuántas me hacen falta para llegar a los 6 meses con lactancia exclusiva… y, cual loca, susurrando “si los viernes le recojo a las 3pm y no a las 5pm, podré ahorrarme una bolsita, que al mes son 4 bolsitas…”

Pero no es solo eso, como las bolsas están tan justitas, he decidido que mientras esté presente, el pecho se lo voy a dar yo (antes, mi marido podía darle el bibe para que yo durmiese). Así que, también le doy el pecho todas las noches. El cachorro no perdona: come sin excepción cada 4 horas.

¿Qué me supone esto?

  • No poder desconectar, estar siempre ahí cada 4 horas.
  • Echar de menos, tal vez demasiado, mi espacio. Salir con mis amigas, o tener una cita a solas con mi marido. ¿De qué hablaba yo hace un año?
  • Agotamiento. Siento dependencia total del padre de la criatura, para que me eche una mano en cualquier otra cosa que no sea darle el pecho, porque cada día que pasa desde que me incorporé me siento más cansada.
  • Hacer recuento de bolsas, que me recuerda cuando de pequeña contaba las chuches que me quedaban para todo el finde. Y recontando, para ver si con suerte me he saltado alguna bolsita.
  • Sentimiento de culpabilidad por irascibilidad, por estar con la batería baja (¿dónde está el conejito de Duracell cuando se le necesita?). En definitiva, por no ser una súper mamá.

Y me preguntaréis, ¿te compensa? No me lo pienso: SÍ.

  • Me muero de amor cada ver que le digo… “a comeeer” y me suelta la sonrisa más grande del mundo.
  • Me encanta estar con él, tener nuestro tiempo juntos. Que además aprovecho para acariciarle, hablarle, susurrarle que le quiero o contarle qué vamos a hacer después.
  • Darle paz me da paz.
  • Saber que gracias a mi esfuerzo será un niño más sano.
  • Y sinceramente, verle tan “gordoto” me llena de orgullo.

Pero hoy es uno de esos días que necesito vuestra opinión, ¿vosotras/vosotros qué haríais?

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